Biografías de científicos. Michael Faraday
Santiago Ramón y Cajal. Un investigador nato.
Considerado el más grande de los científicos españoles, Santiago Ramón y Cajal nació el 1 de mayo de 1852 en la pequeña localidad navarra de Petilla de Aragón. Era hijo de Justo Ramón, médico cirujano, y de Antonia Cajal. Desde pequeño, demostró un fuerte carácter y una gran determinación, además de grandes aptitudes para el dibujo y el deporte. Sin embargo, de niño fue un estudiante mediocre que no se adaptaba al sistema memorístico de enseñanza de la época. Todo cambió durante sus estudios superiores. En 1873 se licenció en Medicina por la Universidad de Zaragoza y ganó un puesto de médico militar. Fue destinado en Cuba, colonia española que entonces luchaba por su independencia. Allí sufrió en primera persona las penalidades de la guerra y del clima, y volvió a España muy enfermo en 1875.
Ya repuesto, se inicia en los años posteriores su etapa científica. Obtuvo el doctorado en Madrid en 1877, y ganó sucesivamente los puestos de director del Museo Anatómico de la Universidad de Zaragoza y de catedrático de Anatomía en la Universidad de Valencia, donde trabajó intensamente durante la epidemia de cólera de 1885. Finalmente recaló en la cátedra de Histología de la Universidad de Barcelona. Allí comenzó su trabajo en el campo de la histología, que se ocupa del estudio de los tejidos. A partir de 1888, desarrolló un método de tinción nuevo que le permitió estudiar el tejido nervioso y su unidad estructural: la neurona. Así, estableció que las neuronas son la base de este tejido, cuya funcionalidad consiste en las conexiones entre ellas. Estos resultados, que expuso en el Congreso de Berlín de 1889, le granjearon el reconocimiento unánime de sus colegas científicos.
Entre ellos se encontraba el profesor suizo Albert von Kölliker, una autoridad en la materia, que aprendió español solo para seguir los trabajos de Ramón y Cajal.
Los años que siguieron fueron prolíficos. En 1892 ganó la cátedra de Histología y Anatomía Patológica de la Universidad de Madrid y, en 1902, el gobierno español creó el Instituto Cajal de Investigaciones Biológicas, que dirigió hasta su muerte. De este modo, en un país donde la ciencia era una actividad precaria, Ramón y Cajal consiguió por fin vivir de ella y mantener económicamente a su numerosa familia. En 1906 fue galardonado con el Premio Nobel de Medicina y Fisiología, que compartió con el italiano Camillo Golgi. Murió en Madrid en 1934.
Su minucioso trabajo, resultado de horas de investigación, abrió la puerta a las nuevas teorías sobre el funcionamiento del sistema nervioso. Este se basa en las neuronas - células especializadas en producir el impulso nervioso - y sus conexiones. La gran valía y fuerza de voluntad que atesoraba, junto con su inquebrantable vocación por la Ciencia, hizo que se sobrepusiera a las dificultades que suponía la dedicación a las actividades científicas en la España de su época. Además de científico, fue un notable escritor. Dejó numerosas publicaciones de carácter científico sobre histología y el sistema nervioso, pero también obras literarias. La última de ellas, titulada El mundo visto a los ochenta años, se publicó en 1932.